Desde el inicio de nuestra andadura como especie, los humanos hemos necesitado la narración como parte de nuestro desarrollo. Leer en familia nos ofrece un espacio de entretenimiento y crecimiento compartido. 

Origen y sentido

Todos hemos imaginado alguna vez a un grupo humano “primitivo” en una cueva. La rojiza luz del fuego ilumina las pinturas rupestres de las paredes. Reunidos alrededor de una hoguera, escuchan historias narradas por uno de ellos.

Entonces como ahora, la narración de historias ha propiciado la comunicación entre generaciones. El desarrollo de la lengua, el conocimiento de nuestra historia y la adquisición de valores han permitido definirnos y desarrollarnos socialmente.

Nuestros deseos, temores, incógnitas, incertidumbres, sentimientos que nos acompañan como parte de nuestra naturaleza, encuentran en las narraciones un lugar natural donde manifestarse y resolverse. Tras siglos de historia, la lectura se ha consolidado como un proceso social que pone al lector en relación con su entorno.

El hogar y la familia –en cualquiera de sus posibles formas–, podríamos decir que son nuestras modernas “cueva” y “tribu”. La lectura compartida entre adultos y niños responde a la necesidad instintiva y atávica de transmisión de ideas y conocimientos. Permite establecer una comunicación efectiva y cercana entre los miembros de la familia.

¿Cómo leer en familia? ¿Porqué y como leer a nuestros hijos?

Como ya habréis experimentado al ser padres, según la edad de nuestros hijos, la manera de leer con ellos cambia según la edad.

Si en la primera infancia (0 a 2 años) leemos con ellos libros de enorme sencillez narrativa, solemos complementarlos con comentarios. Estas explicaciones y acotaciones que contribuyen a mantener la atención del niño sobre el libro, nuestro “objeto narrativo”. Con este leer en familia, establecemos unos primeros códigos compartidos. Jugamos a crear expectativas, humor, temor, sorpresa o suspense, con nuestra manera de leer, comentar y “comprender” un cuento.

A partir de que nuestros hijos tienen 4 o 5 años, los textos se extienden y se hacen, poco a poco, más complejos. Por eso, nosotros nos volcamos más a “leerles” y a compartir y comentar con ellos las sensaciones e ideas que una narración transmite.

Así, en ambas etapas, compartimos espacios, pensamientos, ideas y sensaciones con nuestros hijos, y brindamos al acto de la lectura un carácter colectivo y compartido.

Esta experiencia se extiende a las lecturas posteriores. Cuando a los 6 o 7 años de edad nuestros hijos comienzan a leer por su cuenta, en soledad y silencio, ya cuentan con ese “espacio común” que hemos creado con ellos al leer en familia. La lectura nunca será percibida como un espacio de soledad o aislamiento, sino como un ámbito común, deseable, lúdico y sorpresivo.

Sobretodo, será susceptible de ser compartido con toda naturalidad por padres e hijos. En definitiva, la familia es quien es capaz de ejercer la influencia más directa en la motivación para la lectura.

Historia e ilustración: el vínculo mágico.

La combinación de texto e ilustración, es decir, la combinación de la imagen y la palabra, es tan importante que los cuentos infantiles ya no pueden concebirse sin esta mezcla mágica.

El texto y la imagen se combinan de diferentes maneras para generar distintas sensaciones y reflexiones. A veces se complementan, a veces se contradicen, a veces se unen y forman una única voz narrativa.

Pero sea como sea, la imagen y la palabra combinadas dan como resultado una de las formas más atractivas y mágicas de construir narraciones: los cuentos infantiles ilustrador

¿Porqué? Primero, por que hoy más que nunca las imágenes ocupan buena parte de nuestra vida cotidiana. También en la vida de nuestros hijos. En segundo lugar, porque el pequeño lector, sin darse cuenta, aprende a establecer conceptos complejos como “simbólico” o “real” a través de una simple imagen ilustrada (leer más en «Magia para nuestros pequeños»). El pequeño lector sabe desde el principio que lo que ve es una “representación” y no la realidad, y a la vez, en la ilustración reconoce objetos familiares cuyo nombre ya conoce.

Los cuentos ilustrados para niños son una forma elaborada de relato –combinación de texto e ilustración–. En un lenguaje único y específico, ayudan a reconocer no solo objetos y personajes, sino sentimientos como tristeza, alegría, miedo y curiosidad. Les permite identificarse con estos conceptos y decirse a si mismo: “yo también me he sentido así, yo también he sentido eso”. Así, desde la edad más temprana, los niños pueden conectar lo que viven o sienten con lo que encuentran en las páginas de un libro.

Imaginación y experiencia.

La lectura con texto e ilustraciones es un punto de partida, una puerta abierta a la imaginación. El niño siempre crea un situación nueva a partir de lo que ha visto. A la “experiencia de la lectura”, el pequeño lector suma sus experiencias, sus vivencias, sus opiniones, deseos o contradicciones. “¿Haría lo mismo que él…?”, o “¡Jamás haría eso!”. A través de la imaginación y la empatía, intentará saber porque un personaje está triste o es egoísta. Será capaz de sentir la soledad o la alegría de un personaje.

En definitiva, la combinación de imaginación y experiencia le plantearán dilemas simbólicos que lo harán descubrirse como individuo. Además, lo harán reflexionar casi sin darse cuenta, estableciendo relaciones entre lo que lee y su vida personal. Leer en familia también es compartir con ellos este proceso de crecimiento. Es una oportunidad para conocerlos mejor y conocernos mejor como padres.